lunes, 20 de septiembre de 2010

Pasear por las ruinas

No recuerdo en qué conferencia de mi facultad, se citó un texto de Nietzche que me despertó mucho interés, pues de alguna manera se hacía eco de una extraña sensibilidad mía hacia los grandes lugares silenciosos:



"Arquitectura para los que buscan el conocimiento. Sería necesario entender un día –y probablemente ese día esté cerca– qué es lo que falta en nuestras ciudades; lugares silenciosos, espaciosos y amplios, dedicados a la meditación, provistos de altas y largas galerías para evitar la intemperie o el sol demasiado ardiente, donde no penetre rumor alguno de coches ni de gritos y donde, por una sutil urbanidad, se prohiba incluso que el sacerdote rece en voz alta; en definitiva, faltan edificios y jardines que expresen en conjunto el carácter sublime de la reflexión y de la vida meditada. Ya ha pasado el tiempo en el que la Iglesia poseía el monopolio de la meditación, en el que la vida contemplativa era siempre vida religiosa; todo lo que la Iglesia ha construido dentro de este género expresa este pensamiento. No sabría decir cómo podrían satisfacernos esos edificios aunque se los despojase de su destino eclesiástico, pues hablan un lenguaje demasiado patético y sobrecogedor en tanto casas de Dios y lugares suntuosos de un comercio con el más allá Nosotros, los sin Dios, no podemos tener en ellos nuestros propios pensamientos. Nuestro deseo sería vernos nosotros mismos traducidos en la piedra y en las plantas, paseamos por el interior de nosotros mismos, de un lado hacia el otro por esas galerías y esos jardines."

F.Nietzche, La Gaya Ciencia, (aforismo nº 280)



Foto extraída de la página http://www.clubcela.com/




Para mí este texto evocaba tantas experiencias... el perderme por un antiguo almacén abandonado cuando aún no había cumplido siete años, mi paseo por el Duomo de Milán  en plena pubertad (algún dia volveré, aunque seguro que mi experiencia hará más chico el disfrute), la visita con mi clase de arquitectura a los almacenes de la estación de Portbou, el caminar sin rumbo ni compañía por el monumento al Holocausto en Berlín, perderse en las ruinas de Olimpia...

Y cuál fue mi sorpresa cuando leyendo el País Semanal de la última semana de agosto, me encuentro este reportaje, en el que encuentro que ese disfrute mio no es tan raro, ya que merece la atención mediática del suplemento semanal por antonomasia en este país. Y por otra parte, leer el reportaje, recordar el texto de Nietzche, fue todo uno. Ahí os lo dejo, por si algún lugar merece ser evocado...